PERDIDA
Han pasado ya muchos días desde que he iniciado este viaje. El trayecto está siendo duro y no sé a dónde me está llevando. Cien tempestades han asolado mi cabeza y este océano se ha convertido en un mar de dudas que ha estado a punto de engullirme en su inmensidad. Me he preguntado una y mil veces si debería haber partido, si el resultado merecería la pena, si estoy capacitada para ello y no es una empresa inalcanzable para mí. Ni siquiera era capaz de plasmarlo. Trato de centrar mi cabeza, pero puede que el cansancio de los días o la soledad del navegante hayan hecho mella en mi mente, aunque espero que no de manera irreparable.
He intentado utilizar los instrumentos, leído lo que otros han escrito, lo que han compartido y me he encontrado perdida en este gran azul. Todos parecen ir miles de millas por delante. Mi brújula parece no funcionar, tal vez se haya imantado y ya no señala el Norte, porque he estado muchos días navegando en círculos que lo único que han hecho es marear mi cabeza y desilusionar mi espíritu.
He revisado los mapas, hasta un manual que habla de los Estilitas, pero lo único que consiguió fue loquearme de una página a otra sin ayudarme a encontrar la dirección a dónde ir.
En el camino he cruzado tempestades que inundaban de agua la cubierta de mi barco y no me daban ni tiempo para vaciar con un mísero cubo el salado líquido que no cesaba de cubrirlo todo, ni a recoger las velas, atar los cabos,... Pasaba el tiempo con actividades que no llevan a ningún sitio. Intentaba levantarme y volvía a caer, no lograba mantener la estabilidad. Como si en tierra firme me tiraran un cubo de agua fría por encima, y otro, y otro, sin darme tiempo a reponerme. Por suerte, ni yo ni el casco del velero sufrimos consecuencias graves, en la estructura, porque anímicamente serios destrozos.
Después de días a la deriva, ahora parece que ha despejado, la mar está más en calma, ha dejado de llover y, aunque no ha salido el sol, espero verlo en próximos días. Esta vez intentaré guiarme por las estrellas y mi intuición para trazar mi trayectoria y a ver si, de una vez, encuentro mi senda.
He intentado utilizar los instrumentos, leído lo que otros han escrito, lo que han compartido y me he encontrado perdida en este gran azul. Todos parecen ir miles de millas por delante. Mi brújula parece no funcionar, tal vez se haya imantado y ya no señala el Norte, porque he estado muchos días navegando en círculos que lo único que han hecho es marear mi cabeza y desilusionar mi espíritu.
He revisado los mapas, hasta un manual que habla de los Estilitas, pero lo único que consiguió fue loquearme de una página a otra sin ayudarme a encontrar la dirección a dónde ir.
En el camino he cruzado tempestades que inundaban de agua la cubierta de mi barco y no me daban ni tiempo para vaciar con un mísero cubo el salado líquido que no cesaba de cubrirlo todo, ni a recoger las velas, atar los cabos,... Pasaba el tiempo con actividades que no llevan a ningún sitio. Intentaba levantarme y volvía a caer, no lograba mantener la estabilidad. Como si en tierra firme me tiraran un cubo de agua fría por encima, y otro, y otro, sin darme tiempo a reponerme. Por suerte, ni yo ni el casco del velero sufrimos consecuencias graves, en la estructura, porque anímicamente serios destrozos.
Después de días a la deriva, ahora parece que ha despejado, la mar está más en calma, ha dejado de llover y, aunque no ha salido el sol, espero verlo en próximos días. Esta vez intentaré guiarme por las estrellas y mi intuición para trazar mi trayectoria y a ver si, de una vez, encuentro mi senda.
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Anónimo -
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